miércoles, 24 de septiembre de 2014

Fermín: Más de mil millones malgastados en la reconstrucción de Parque Central

Fermín: "El gobierno lleva 10 años reconstruyendo las Torres de Parque Central" (RunRunes)


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Desde las adyacencias de las Torres de Parque Central, el Secretario Adjunto de Organización de Primero Justicia en Caracas, Daniel Fermín denunció, este miércoles, el despilfarro de dinero que hizo el gobierno con la reconstrucción de dichas Torres.
“El Gobierno tiene más de 10 años reconstruyendo las Torres de Parque Central. Cuando se inicio el proyecto de reconstrucción, en el año 2004,  tenía un costo de 120 millones de bolívares y actualmente tiene un valor de 915 millones de bolívares, los cuales se han aprobado, pero aún no se ha culminado la obra”.
En ese sentido el dirigente de la tolda amarilla se preguntó ¿Qué ha hecho el Gobierno con todo los millones que se aprobaron para la reparación de las Torres?.  Van 10 años reconstruyendo una obra, la cual originalmente se construyó en 5 años con menos tecnología y con menos inversión.
Fermín sostuvo que el Gobierno ha anunciado en 8 oportunidades la entrega del proyecto de Parque Central: Primero anunció que sería para el año 2006 y ahora la entrega será para el año 2016.
“Hasta cuando este Gobierno seguirá engañando al pueblo, anuncian en cadena nacional que finalizarán las obras incumplidas, aprueban nuevos presupuestos y no hacen más nada, ya basta de tanta burla hacia los venezolanos”.
El dirigente de Primero Justicia exigió a la Contraloría General de la República, a la  Cámara del Municipio Libertador y al Cabildo Metropolitano de Caracas para que abrán una investigación sobre el dinero aprobado para la reparación de estos dos edificios y le den respuesta a los habitantes de Caracas.
Por último, Fermín llamó a los venezolanos a unificarse y consolidar una gran mayoría, “desde Primero Justicia queremos recordarle a todos los venezolanos que seguiremos en las calles defendiendo sus derechos y exigiéndole al Gobierno Nacional que cumpla con sus funciones”.
Recordemos que el domingo 17 de octubre de 2004, a las 00:05 am., se inicio el incendio en el piso 34 de la Torre Este de Parque Central, el cual siguió sin control hasta el piso 56. Bomberos de Caracas trabajaron durante más de 15 horas para sofocar el fuego. Pero en noviembre del año 2012 otro incendio se registró en el piso 11 de la Torre Oeste. No hubo lesionados y los bomberos controlaron la situación. Y desde ese entonces los caraqueños esperan por la reconstrucción de la Torres de Parque Central.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mareo Socialista (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Que el chavismo no es monolítico lo sabemos desde hace tiempo.  La alianza oficialista está compuesta de factores diversos: comunistas ortodoxos, militaristas clásicos, agentes cubanos, oportunistas de oficio y pare usted de contar.  Sin embargo, lo heterogéneo en el chavismo se oculta tras un manto de supuesta disciplina que en realidad resulta más del dominio absoluto del PSUV en lo que denominan el Polo Patriótico.

Episodios de divergencias se ven de vez en cuando.  Una de las primeras fue el fracaso de Chávez en construir un partido único, a la usanza comunista, cuando precisamente el PCV y un grupo de partidos rechazaron la invitación a fusionarse.  Luego ha habido críticas, muy tímidas, a políticas puntuales del gobierno.  De modo que hasta en el seno de la revolución la disidencia es un hecho que celebramos, no porque debilite al adversario, sino porque manifiesta que un destello del espíritu democrático venezolano vive incluso en quienes adelantan un proyecto profundamente autoritario desde el poder.

Un grupo en particular que ha hecho olas en los últimos tiempos es la Marea Socialista, facción del PSUV en cuyas filas se reconocen actores como Nicmer Evans y Ana Elisa Osorio, otrora ministra de Chávez.  Las críticas de este grupo han ido escalando y se recogen semanalmente en los pocos medios críticos que quedan.  El suyo no es un planteamiento reformista, todo lo contrario.  Plantean que el remedio al chavismo es más chavismo.

Marea Socialista ha realizado un ramillete de denuncias en las últimas semanas.  Declararon que “la revolución no puede ser militarista”.  Manifestaron su inconformidad con el método de elección de los delegados al Congreso del PSUV.  Rechazaron un desfalco de 259 mil millones de dólares en quince años por sobrefacturación de importaciones y otros guisos cambiarios.  Alertaron que en la JPSUV, agrupación juvenil del partido de gobierno, no hay democracia interna sino dedazos e imposiciones.  Denunciaron que el Cencoex oculta datos de las divisas otorgadas.  Rechazaron que “los ideales del socialismo se están asfixiando” en el actual gobierno.  Lanzaron campañas contra lo que llaman la privatización de CITGO.  Censuraron el clientelismo.

En boca de Nicmer Evans han salido otros tantos pronunciamientos contra la corrupción, la inflación, las presiones de la cúpula del PSUV a los nuevos dueños de los medios de comunicación para que censuren a Marea Socialista, casos de hackeo, insultos y amenazas, la impunidad.  Declaraba el politólogo Evans que “es un error del gobierno criminalizar y perseguir al chavismo crítico”.

¿Qué solución propone Marea Socialista a la crisis? Más socialismo.  En una oportunidad plantearon monopolizar el comercio exterior y nacionalizar la banca.  Ahora llaman a una “intervención” y a una auditoría pública con participación ciudadana ante la inacción del BCV, la FGR, AN y el Presidente.  Con un desesperado “Chávez, ¡cuánta falta haces!” plantean profundizar el control de cambio, diciendo que el problema no es el mecanismo sino los encargados de su aplicación.  Defienden a ultranza el modelo, lo suyo es personal.

Detrás del tono crítico y la manifestación disidente, sin embargo, se esconde el libreto más trillado del comunismo, que reza algo como “este no es el socialismo (comunismo) de verdad, es una desviación.  El de verdad sí es bueno, sí funciona”.  Lo aplicaron los comunistas al quedar desnudos ante los horrores de Stalin, también ante el desmoronamiento del “socialismo real” y la caída del comunismo.  Es una gran estafa.  El legado del comunismo y de sus alias “suaves” como el socialismo marxista está a la vista: miseria, pobreza, colas, hambre, corrupción, represión, autoritarismo.  La esclavitud del hombre.  Basta revisar la historia de la Unión Soviética, de Cuba, de Corea del Norte.

También resulta estruendoso el ruido de la incoherencia.  Un ruidoso “¡¿Ahora sí?!” ante las críticas.  Que la revolución es militarista lo sabemos desde hace 22 años, cuando Chávez surgió en un sangriento golpe de Estado y se puso al frente de un proceso, en primer lugar, como jefe militar, en medio un grotesco culto a la personalidad.  La corrupción desmedida ha sido una constante que se ha llevado por los cachos a todos los demás casos juntos en nuestra historia.  Lo mismo el autoritarismo, el clientelismo, las presiones a los medios, las amenazas, la impunidad, la persecución, el chantaje.  ¿Ahora sí? ¿Porque les afecta a ellos?

Marea Socialista ha dejado claro que su problema es con las personas, no con el modelo.  Lo suyo es una rencilla con Nicolás Maduro, no con el socialismo.  Son coautores y copartícipes de la estafa, patrocinantes del modelo fracasado que acaba con el país.  Son cómplices de la ruina de la Nación.

De modo que no pueden ser aliados del cambio quienes sólo quieren profundizar y radicalizar lo que nos trajo a todo esto: los controles, el estatismo asfixiante, la anulación del ciudadano.  El cambio es lo distinto, otra propuesta, otra visión y modelo para que Venezuela avance.  Ese cambio viene de la mano del progreso, de una alternativa que ponga primero a los venezolanos y cuyo norte sea un Estado al servicio del pueblo, nunca al revés, con una economía productiva y un sector privado robusto, con un Estado que garantice realmente los derechos y la inclusión sin chantajes.  No es profundizar el desastre sino cambiar radicalmente el rumbo.  Esa es la verdad, lo demás es un mareo socialista.

@danielfermin

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Desmontando el sacudón (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Al final no dijo nada sobre cómo reactivar la producción, reducir la inflación y combatir la escasez.  Ya antes había hecho otro acto, también en cadena, en el que el país se quedó esperando un sacudón que, como tantas veces, terminó siendo el anuncio de un anuncio por venir.  En esta segunda edición, Nicolás Maduro se vio forzado a pronunciarse como respuesta a una crisis inocultable que tiene al país entero contra las cuerdas.  Es la peor de la historia reciente, producto del fracaso de un modelo hecho para el control político y social, que hace súbditos de los ciudadanos, al servicio de la maquinaria estatal y de los poderosos.

¿Qué dijo el presidente? En primer lugar pidió una revolución económica “para garantizar la estabilidad del país”, la misma que acabó la revolución tras quince años de caos e incertidumbre por diseño.  Propuso poner el Estado en manos del pueblo, y ya la propaganda oficial nos ha hecho saber en vallas, radio y televisión, quién es el fulano “pueblo” al que se refiere.  Volvieron los enroques y dividió los cambios en cinco grandes revoluciones dentro de la revolución.  Va más de una hora de cadena y aún los venezolanos no saben cómo el gobierno va a devolver los productos a los anaqueles y aliviar el costo de la vida.

Veamos con detenimiento las cinco revoluciones.  La primera, la revolución económica, habla de cambios productivos para lograr la Venezuela potencia, de la necesidad de diversificar la economía y de promover las exportaciones.  Dicen una cosa y hacen otra.  Hoy, producto de la revolución, Venezuela no produce nada excepto petróleo, y de este cada vez menos; dependemos más que nunca de la industria petrolera, por culpa de un gobierno que ha desoído una y mil veces el reclamo de la diversificación.  No es la primera vez que hablan de hacerlo, porque suena bonito, correcto, pero es mentira.  La promoción de las exportaciones es un chiste. ¿Exportar qué? Además, recordamos bien que apenas la semana pasada el gobierno anunciaba la prohibición de exportar más de 20 rubros.

Ese era el plato fuerte.  Tal vez deba llevar signos de interrogación.  Analicemos las otras revoluciones.  La revolución del conocimiento dice centrarse en la ciencia, la tecnología y la cultura, precisamente las primeras sacrificadas en revolución.  Pregúntenle a los investigadores de nuestros institutos científicos y a los promotores culturales.  La tercera revolución es la de las misiones sociales, con el propósito de integrarlas.  Para nadie es un secreto que la mayoría está inoperante, el problema no es de integración.  La revolución política del Estado, la cuarta que propuso, repite aquello de acercar el poder al pueblo (recordemos quién monopoliza el término en las vallas de nuestras carreteras) y, finalmente, la revolución del socialismo territorial enciende una y mil alarmas, ya que busca profundizar el modelo comunal (comunista) que viola la Constitución y promover el ecosocialismo, chiste cruel que trae recuerdos del derrame petrolero en el Guarapiche y la instalación de concreteras en las áreas verdes de Caracas.

Desvarió sobre economía, vendiendo la tarjeta de racionamiento electrónica como un “premio al pueblo”.  Lo desprecia.  Dijo que el captahuellas de racionamiento tiene apoyo popular, cuando más de 83% lo rechaza, de acuerdo a un flash de Hercon.

Va más de hora y media y no hay rectificación ni cambio de rumbo.  Crea ahora los Consejos Presidenciales de Gobierno Popular.  Más burocracia, es un fetiche insoportable ya del militarismo rojo.  Apunta, dice, a la participación de las comunas y los movimientos sociales de mujeres, juventud, trabajadores, pueblos indígenas, campesinos y pescadores y sectores culturales.  Estos consejos tendrán, no faltaba más, “estructura de mando”.  El fetichismo de la burocracia en función, así lo dijo, de “tener patria definitivamente”.  Pensé que ya la teníamos.

¿Número de ministerios antes del sacudón? 32.  ¿Después? Al menos 25, más 6 nuevas vicepresidencias y una Autoridad Única de Trámites y Permisología, sin contar los viceministerios.  Enroques y fusiones dejan intacta la estructura amorfa, fofa y sobredimensionada del Estado.  Chávez vive, en PDVSA.  Ramírez viajará.

Habla Maduro de herencias del Estado burgués.  La verdad es que la herencia es de Chávez, que inició reclamando en 1999 que 14 ministerios eran demasiados y terminó rompiendo récords y llevándolos a 32, con 107 viceministerios.  Sigue Maduro, ahora llamando a la “sencillez, humildad y honestidad” de sus ministros.  Sin comentarios.

Fueron tres horas y tres minutos.  Los venezolanos nos quedamos esperando en vano.  Hoy seguirán las colas, mañana la escasez, pasado el desabastecimiento.  La angustia por conseguir útiles escolares para el inicio de clases y regalos para diciembre.  Por la leche, el aceite, la harina, el jabón.  Llegó Cuba, sin intención de irse, no mientras ellos gobiernen.  Nada sobre inflación, escasez, producción.  Nada sobre el BCV y su infame secreto sumarial que, lejos de cubrir la crisis, la confirma.  Siguen tapando el fracaso del modelo, la corrupción que enriqueció grotescamente a la camarilla roja y verde oliva mientras la canasta básica supera el ingreso familiar de los comunes. 

Insultan la inteligencia del venezolano, le dicen que el bodeguero que tiene 10 latas de leche es el culpable de que no se consiga, mientras patrocinan el negocio pesado de los peces gordos: contrabando, narcotráfico, empresas de maletín, contratos chimbos.  No dictó medidas económicas, se hace el ciego a la crisis, que inevitablemente va a empeorar.  No hay cambio, apuesta por radicalizar y profundizar el modelo fallido.  Al final, paga el pueblo las fechorías de una pandilla que no merece gobernar.  Pero no por hacerse el sordo desaparece la crisis, la tragedia de 30 millones, un descontento que hierve en cada cola bajo el sol y supura con cada “no hay” en la farmacia, con cada abuso y atropello, con cada nota de sucesos.  Paga el pueblo, pero lo va a cobrar.  Al final, el sacudón se lo daremos los venezolanos a tanta podredumbre.


@danielfermin

miércoles, 27 de agosto de 2014

La cárcel socialista (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Decía Dostoievski que puede medirse el grado de civilización de una sociedad por el trato que da a sus presos.  Si esto es así y nos acogemos a esa categorización un tanto incómoda, no podemos sino concluir y lamentar que Venezuela posee un grado muy inferior.  Las cárceles venezolanas son el reflejo de lo más oscuro de nosotros, reducidas apenas a depósitos de infelices sin palanca y guarida de criminales de oficio.  En un país con 96% de impunidad, los que terminan tras las rejas suelen ser, invariablemente, lo uno o lo otro.
El tema penitenciario es un problema viejo, que se ha agudizado, como tantos otros, en revolución.  Constituye una verdadera tragedia en la que los reos cuentan por igual con el desprecio ciudadano y el desamparo del Estado, y cuya dinámica, lejos de ser regida por el orden institucional, se lleva por la ley del más fuerte.  A los más pobres, siempre los más afectados por esta y todas las tragedias, se les va la vida consiguiendo dinero para las vacunas que deben pagar a los mandamases de los penales, guardias e internos, para intentar garantizar la vida de sus familiares presos.  Son miles de bolívares para permanecer vivo, miles por un colchón, otros tantos para poder comer.  La cárcel es un negocio perverso bajo la mirada complaciente y la participación cómplice de los funcionarios del gobierno.
El 26 de julio de 2011 se publicó en Gaceta Oficial la creación del Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario.  Hasta ese entonces, lo relativo a las cárceles dependía del Ministerio de Interior y Justicia, y el presidente Chávez, haciendo gala del fetichismo burocrático que tanto agrada a militares y comunistas, ofreció el nuevo despacho como solución definitiva al que se vio forzado a reconocer como un asunto de urgencia en el año doce de la revolución.  Como ministra designó a Iris Varela, pese a no tener formación alguna en el área. Por supuesto que no funcionó y desde 2011 hasta la fecha el problema ha recrudecido.
Las cárceles están militarizadas, pero los que mandan son otros.  La revolución vio nacer la figura del “pran” como jefe máximo de los recintos, que controla toda la dinámica social, los negocios y administra la violencia.  Estos pranes cuentan con una estructura, también burocratizada al estilo militar, con escalafones y funciones diferenciadas.  Llevan el sello “Hecho en socialismo”.
Nos mintieron al decir que con más burocracia y la creación de un nuevo ministerio resolverían un problema que no es de los presos, sino de toda la sociedad.  Según el Observatorio Venezolano de Prisiones, más de 1800 venezolanos perdieron la vida desde 2011 en las cárceles venezolanas.  ¿Dónde estaba la Guardia Nacional? La gran mayoría de estas muertes fue causada por armas de fuego.  La misma pregunta.  En total, más de 6 mil muertos, 16 mil heridos, un hacinamiento de casi 200% y la prevalencia del retardo procesal resumen la política penitenciaria de la revolución desde 1999.
“La revolución llegó a las cárceles”, decía el lema del flamante ministerio en los días de su creación.  Pues vaya que llegó y, lo mismo que afuera, dejó a su paso el dominio del caos y el imborrable rastro de la violencia.  Hay que cambiar radicalmente el modelo y eso incluye el modelo penitenciario.
¿Cuál es la cárcel que queremos? Una que ofrezca una oportunidad real para la reinserción social, con espacios para el trabajo, el estudio, el deporte, la recreación y la cultura.  Una cárcel signada por el respeto a los derechos humanos, a cargo de penitenciaristas profesionales.  Cárceles descentralizadas, como manda la Constitución.  Recintos desmilitarizados, con funcionarios formados en la materia que pongan fin al reinado del pranato que trafica drogas, planifica secuestros y asesina a mansalva.  Prisiones donde se reubique la población penal según criterios criminológicos.  Nuevas cárceles, porque hacen falta, y el reacondicionamiento de las existentes según los estándares internacionales.  Cárceles donde se priorice el debido proceso y se combata el retardo procesal que hoy gradúa a muchos jóvenes de malandros.  Instituciones que comprendan un proceso de acompañamiento al ex recluso para su vuelta a la vida ciudadana.
Todo esto es posible, pero no con este gobierno.  No creemos en la cárcel como solución a los problemas, pero sí en solucionar los problemas de la cárcel.  Debemos impulsar políticas de prevención y acometer las reformas en los cuerpos policiales, tribunales y fiscalía que nos permitan acabar con la impunidad.  Sin embargo, si no cambiamos la cárcel que tenemos, de poco servirá todo lo demás.
En la página web del MPPSP aparece, bajo la estampa de Hugo Chávez, el lema “hacia la mujer y el hombre nuevo”.  Tras 15 años de socialismo bolivariano sabemos lo que eso significa.  Lo mismo adentro que afuera, Venezuela necesita salir de la cárcel socialista.

@danielfermin

miércoles, 20 de agosto de 2014

La Patria está muy lejos (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Isabel se acaba de graduar de bachiller.  Estudió en un colegio pequeño, de los más prestigiosos de Caracas.  Es una institución a la que asisten, hay que decirlo, niños y jóvenes que provienen de familias que hacen grandes esfuerzos por la educación de los suyos.  Privilegiados, sin duda.  Es un colegio bilingüe, pero no bicultural.  Es profundamente venezolanista.  En el transcurso de su escolaridad, sus alumnos conocen vivencialmente el llano, la Gran Sabana, oriente.  Hay festivales folclóricos, se vive lo nuestro con profundo orgullo y amor.  No es un colegio apátrida ni se ciñe al estereotipo del sifrinaje indiferente.

El día del acto fueron llamando, uno a uno, a los graduandos.  Treinta y ocho caminaron el pasillo mientras, desde un micrófono, se anunciaba lo típico: años en el colegio y carrera a cursar.  Los aplausos retumbaban a cada mención de las universidades nacionales.  Universidad Central de Venezuela, aplausos.  Universidad Simón Bolívar, aplausos.  ¿La razón? De los treinta y ocho, veintiséis se van a estudiar a ese gran abstracto que llamamos “afuera”.  España, Estados Unidos, Colombia, Australia.  También para ellos hubo aplausos, por supuesto, y en estos se mezclaba el reconocimiento al logro con la nostalgia de la partida, con el “no tendría por qué ser así”.  Los aplausos a la Ucab, a la UCV, a la Unimet, eran también un reconocimiento, ya no sólo al logro, sino a la valentía, al atrevimiento, y evidenciaban que quedarse en Venezuela es un acto de resignado heroísmo en tiempos de revolución.

La historia de Isabel no es nueva.  Es la historia de Bruno y de Gaby, ya de treinta y tantos, que se fueron hace años y que cuando vienen de visita o por alguna diligencia deben quedarse en hoteles o en casas de amigos porque, y no deja de impresionar, ya no les queda familia aquí, ya en Venezuela no tienen casa.  Es la historia de más de un millón de venezolanos que se fueron en un acto de fe, no a ver a Mickey, sino a buscar un futuro mejor.  Los que no se resignaron a graduarse de desempleados, a vivir arrimados, a ganar miseria.  Los que se rehusaron a vivir bajo el yugo de la violencia y a mendigar un cuartico de leche o una harina de maíz.   

Ellos, los que se van, no le están fallando a Venezuela.  A Venezuela le fallan los que desde el poder han destruido todo en medio de los ingresos más altos de la historia.  Al país le fallan los corruptos, que en nombre del socialismo saquean los recursos que deberían ir a elevar la calidad de vida de los más necesitados y encausar la sociedad hacia el progreso.  A Venezuela le fallaron los poderosos, con sus camionetas blindadas y su discurso de odio, que desde el gobierno nos hicieron retroceder más de cincuenta años.

Como decía Andrés Eloy Blanco en su “Soneto a Rómulo Gallegos”, y a pesar de la propaganda oficial, ya la Patria está muy lejos.  Lo está para los que se fueron, para el millón que en las calles de Santiago y en las ramblas de Barcelona siente por igual el desarraigo del no pertenecer, la inmerecida culpa del no estar, de no sufrir la lucha en carne propia, aunque sí que la sufren, son testimonio andante de ella.  Pero también la Patria se aleja para los que quedamos.  Una legua en cada cola, en cada lector biométrico que redunda en sofisticada libreta de racionamiento.  Otra más en cada secuestro, en cada abuso de poder.

Mientras, el gobierno arrecia y con él la imposición del Estado militar, la consolidación del atropello y el saqueo, siempre el saqueo.  No se enciende alarma alguna, más bien se dibujan sonrisas en el rostro de unos gobernantes que parecieran alegrarse ante el desmembramiento de la Patria.  Y ante la arremetida el miedo de tantos, de que las colas se tornen cupos, de que los pocos vuelos se tornen nulos.  Y cientos, miles, que no pierden las ganas y luchan contra el naufragio, no como los músicos del Titanic, sino como indómitos tercos de la resistencia, batallando a todo dar con todo en contra, rehusándose a la entrega del país, a la catástrofe definitiva.  No hay vida con este modelo, no hay futuro en revolución.  Por eso luchamos, día a día, barrio a barrio, en terreno desigual, contra la violencia y el chantaje.  Pero sí, cada vez la Patria está más lejos, secuestrada por el oprobio y la maldad.  Nuestro deber es sanarla, recomponerla, unirla, desde donde se esté, desde lo que se haga.  La vuelta a la Patria como sueño y proyecto de país.



@danielfermin

miércoles, 6 de agosto de 2014

El reto de convencer (Publicado en Tal Cual y RunRunes)



Venezuela atraviesa un momento crítico.  Los estudios de opinión confirman lo que se siente en la calle: estamos mal.  En un año de gobierno de Nicolás Maduro todo ha empeorado y, de manera atípica en una sociedad generalmente optimista, las encuestas señalan que la expectativa ciudadana es que el futuro será peor.  La economía, junto a la conflictividad política y social, tienen al pueblo contra la pared y 63% ubica claramente al Presidente como principal culpable del desastre, según Consultores 21.  Mas aún, 60% de los venezolanos afirman que el país que propone Maduro no se parece al país que ellos quieren.

El gobierno ha sufrido un desgaste brutal.  Lo vemos en nuestras comunidades populares, en los barrios que frecuentamos.  El modelo excluyente, chantajista e ineficiente se agotó el día en que el colapso de la economía hizo que el problema se instalara en la casa de la gente.  Ante este escenario cabría suponer un crecimiento sensible de los partidos de la MUD, pero no es así.  En un país profundamente polarizado la alternativa democrática no ha podido capitalizar la acelerada erosión de la popularidad del gobierno. 

Hay una crisis de conexión y de representatividad en la oposición que hace muy limitada la capacidad de conversión, es decir, de sumar voluntades a su proyecto político más allá de su base natural.  Por supuesto que en esto inciden factores que van más allá de la política.  En primer lugar, el cerco comunicacional ante la censura, la autocensura y la hegemonía oficial en radio, prensa y televisión.  En segundo lugar la crisis misma, que tiene a los ciudadanos rasguñando por la supervivencia entre colas y carencias, dejando poco espacio para los temas públicos.  También influye la violencia, guapa y apoyada, que hace que muchos prefieran no meterse en honduras.

Sin embargo, nos debe llamar a la reflexión el hecho de que, con el gobierno en su peor momento, y aún con un trabajo valioso, intenso y constante de calle por parte de los distintos factores de la Unidad, nos cueste tanto la conversión de quienes alguna vez creyeron en el proyecto del gobierno y de los independientes, a menudo despachados como ni-ni.  ¿Qué está pasando? Sin duda en Venezuela hoy impera un fenómeno de anomia que se traduce en desconfianza generalizada y caos que, por cierto, beneficia al oficialismo y hasta podría decirse que un caos por diseño, orientado a la desintegración del capital social y cuyo resultado más terrible es la instalación de un profundo sentimiento de desesperanza.

Para los sectores democráticos es fundamental construir un mensaje de cambio que apele a la gran mayoría de venezolanos que no se identifica con el gobierno y que aspire a convencer a los que todavía lo hacen.  En esto es clave que la Unidad explicite un proyecto alternativo de país que contraste con el Socialismo del Siglo XXI. 

Se trata de construir, con la gente, una cosmovisión basada en valores claros y que vaya más allá del terreno de las políticas públicas y de la mercadotecnia política.  Nuestra responsabilidad es rescatar la política como apostolado y labor pedagógica de la mano de un discurso profundamente democrático, republicano y popular, que apele al profundo sentimiento de unión y cambio del pueblo venezolano y encause las esperanzas de una sociedad agobiada.  El país está claro en que el gobierno fracasó.  Ahora nos toca a nosotros acompañar la denuncia de la propuesta y llevar a cada rincón de Venezuela esa visión alternativa con el reto de convencer.
@danielfermin