jueves, 20 de noviembre de 2014

Oído al Tambor - Entrevistado: Daniel Fermín - 17-11-14

Gobierno pirata (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Como el estudiante vago, el presidente esperó hasta el último momento.  Tras un año de una Ley Habilitante solicitada con la excusa de combatir la corrupción, Nicolás Maduro anunció, la noche antes de vencerse su habilitación, 28 nuevas leyes y reformas.  Al final del día fueron 41, apuradas, improvisadas e inconsultas. 

Aún el país no conoce en detalle estas nuevas leyes.  En cadena, el presidente anunció 16 y dejó la tarea de informar del resto a sus ministros.  Es un proceder atropellado meter de contrabando, entre gallos y media noche, una reforma legal de esta magnitud.  ¡Vaya participación popular! La guinda es la actitud del gobierno, que jura que se la está comiendo y que fregaron a la oposición, cegados por una soberbia tremenda que sólo incrementa su desconexión definitiva con los problemas de la gente.

Tras el choricero de artículos, numerales, literales y leyes, el país va muy mal.  Cifras del propio Instituto Nacional de Estadística dibujan un repunte espeluznante de la informalidad, que salta casi 6%.  Mas aún, 84% de los empleos clasificados por el INE en el último año lo generó el sector informal.  La violencia empeora cada día más, de nada sirve que la nueva ministra sea, como el anterior, un militar.  En el primer semestre del año hubo 455 homicidios de niños y adolescentes en lo que representa una guerra clara del hampa al futuro.  En el país de las mayores reservas mundiales, los ciudadanos se humillan haciendo colas buscando gasolina.  En año y medio Maduro trituró la economía y con ella la calidad de vida de los venezolanos, mientras aumenta la censura, la represión, la violación a los derechos humanos.  Las ciudades son cerros de basura, de miedo y desconfianza, colapsadas a las primeras cuatro gotas de lluvia.  Todo mal hecho.

Si el problema del país se resolviera con leyes Venezuela sería el país más desarrollado, equitativo y próspero del mundo.  Pero no se trata de leyes, mucho menos cuando pretenden, estas nuevas y otras no tan nuevas, acelerar el proceso de dominación social y pasarle por encima a la Constitución para darle al gobierno, por la vía legal, el sustento que ha perdido en el apoyo popular.  Allí está la Ley Desarme, aprobada pero no implementada por el chantaje del hampa roja, guapa y apoyada, que hoy ocupa a sus anchas incluso antiguas sedes policiales y sedes de gobierno.

El problema es el modelo.  Con este paquetazo legal, el pueblo pagará una vez más el fracaso del gobierno.  Ante el fracaso de la política económica y sin reparar un instante en la regaladera de los recursos de los venezolanos a otros países, el gobierno de Maduro le mete la mano en los bolsillos a los venezolanos porque se quedó sin plata.  Más impuestos.  Y ¿Para qué la plata? No es para resolver la grave crisis que vivimos, sino para financiar, otra vez y con el dinero de todos, la campaña del partido de gobierno con miras a las elecciones de la Asamblea Nacional. 

El combate a la corrupción no fue más que un pretexto chimbo, como deja en evidencia una reforma a la Ley Anticorrupción que permite al presidente declarar como “secreta” cualquier información en la materia.  En lugar de enfrentar la corrupción con transparencia, la ley da facultades para encubrirla.  El mundo al revés.

El país se les fue de las manos.  Más ocupados en mandar que en gobernar, en el control que en el bienestar del pueblo, desataron la peor crisis de la historia reciente.  El desastre rojo no se arregla estudiando la noche antes del examen.  Nuestra situación gravísima no admite soluciones piratas.  Por eso hay que cambiarlos y, con ellos, cambiar radicalmente su modelo fracasado.  De allí la importancia de organizarnos para lograr una mayoría contundente en la Asamblea Nacional.  Desde allí podremos impulsar los cambios que requiere el país y ejercer un control efectivo del gobierno, de manera responsable y seria. 

Con la verdad por delante, sin convertir la AN en una especie de genio o hada madrina, hay que llevar el mensaje de unión y cambio por todos los rincones, conversando con la gente sobre lo que puede (y no puede) lograr una nueva Asamblea Nacional, que responda al pueblo y no a un grupito enquistado.  Es la próxima parada, y nuestra más cercana oportunidad para enderezar el rumbo de un país que se desbarata por un gobierno pirata.


@danielfermin

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Burla al pueblo (Publicado en Tal Cual, RunRunes y revista Dinero)

El cálculo de Maduro del salario de los venezolanos en dólares no quiere decir que él sea bruto, sino que está convencido de que los venezolanos lo somos. Según el presidente, tenemos “el más alto Ingreso Mínimo Legal Mensual del continente” y ganamos, como mínimo, 1.097 dólares cada mes.  El argumento, además de falso, encierra otro mensaje no tan velado e igual de mentiroso: “afuera están peor” o, mejor dicho, “agradece, que afuera están peor”.  Es de un cinismo atroz y una burla perversa en la cara del pueblo decirle a un trabajador que su ingreso precario, ese que no le alcanza para hacer un mercado completo y pagar los servicios y las deudas, es de más de mil dólares.  Muy distinto sería el cuento de ser así.
La revolución nunca se equivoca.  Hay conspiraciones, componendas internacionales, sabotaje interno, inoculaciones secretas.  Su lógica orwelliana ha llevado a la élite de la revolución a una arrogancia tremenda producto del poder absoluto que degenera en una mirada de desprecio sobre los ciudadanos, de la cual se desprende la subestimación y que explica la facilidad con la que se burlan del pueblo.  Se vieron sorprendidos por una sociedad que, contrario a lo que pensaban, sí saca cuentas y sí es capaz de indignarse, y tras aumentar 45% los sueldos del partido (armado) de gobierno, que además acumula alrededor de 500% de aumentos en 15 años, la oligarquía roja tuvo que paliar esa indignación colectiva anunciando, improvisadamente como de costumbre, un aumento, esta vez de 15%, para ese estorbo de segunda que conforman los civiles en la sociedad.
20 bolívares diarios.  Ese es el aumento.  Le queda grande la palabra.  No alcanza ni para un café de barra, no es un cuarto de carrera de mototaxi ni da para una empanada en un país en el que el billete más grande compra si acaso la chuchería baratona del kiosco.  Aun así el gobierno, casi ofendido por la osadía de un pueblo sabio y molesto, ha salido a defender sus migajas.  El vicepresidente de Planificación y Conocimiento, Ricardo Menéndez, dijo que el aumento es mayor a la inflación y a la canasta básica.  Para no quedarse corto, afirmó también que el ajuste salarial garantiza la reducción de la pobreza.  No se trata solamente de una gran irresponsabilidad y mayor mentira, ni retrata apenas una desconexión total con los padecimientos de la gente, sino que expresa una burla deliberada y cínica a todos los venezolanos, especialmente a los más humildes y vulnerables.
El gobierno está acostumbrado a burlarse del pueblo, no es la primera vez.  La fantasía de la “guerra económica”, atapuzada por la propaganda oficial, se ha convertido en la excusa predilecta de un gobierno incapaz y de su modelo fracasado pero es, en esencia, la mayor de las burlas.  Son mil burlas, o la burla continuada: la escasez total del cemento y las cabillas, después de nacionalizadas ambas industrias, la violencia en la calle luego de más de veinte planes fracasados de seguridad y la rotación infinita de ministros, los atracos diarios en el transporte público luego de rimbombantes payasadas de militarizar el metro y los carritos por puesto, el horror carcelario luego de la creación de más burocracia en la forma de un nuevo ministerio que ha agravado el problema, el presidente de la Asamblea Nacional solicitando una fulana lista de corruptos cuando el gobierno sabe bien dónde están y quiénes son sin que pase nada, la importación de gasolina debido a la destrucción de la industria petrolera, la situación de los derechos humanos.  Iguanas, paramilitares, imperios, yo-no-fui.
Lamentablemente no tenemos un gobierno serio sino una pandilla de improvisados engolosinados con los privilegios y el poder.  En su infinita arrogancia de poderosos se burlan del pueblo todos los días mientras el país se cae a pedazos.  Por eso urge cambiarlos.  Los venezolanos merecemos recuperar la senda al progreso y el desarrollo, con un gobierno que crea en su gente y que apueste todo por ella.  La ruta no es sencilla e implica vencer a una camarilla incrustada y sin escrúpulos.  La próxima parada es la Asamblea Nacional.  Allí debemos impulsar un cambio en la correlación de fuerzas que le devuelva las funciones a un parlamento que no legisla y que se muestra subalterno al Ejecutivo, que es apenas una pantomima que nada hace por brindar respuesta a los problemas del país.  Traduciendo el descontento mayoritario de la calle en una mayoría clara en la Asamblea, podremos poner fin a la burla e impulsar los cambios que requiere Venezuela.
@danielfermin

jueves, 30 de octubre de 2014

El Estado secuestrado (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

El Estado venezolano se parece muy poco al perfil que le dibuja la Constitución.  Como si se tratase de una oferta engañosa en los clasificados de inmuebles y automóviles o en los sitios web para encontrar parejas, el Estado se vende de una manera y resulta de otra, radicalmente distinta y, hay que decirlo, inferior.

¿Qué dice la Constitución? Desde su adornado Preámbulo, el librito azul habla de un “Estado de Justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común…”.  El Artículo 2 describe un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”, cuyos valores fundamentales son “la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y… la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

El siguiente, el Artículo 3, define los fines esenciales del Estado como “la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución”.  90-60-90.  Como nuevo.

¿Para qué sirve hoy el Estado? Lejos de ceñirse a los preceptos constitucionales, el Estado y sus instituciones están secuestrados por las agendas personales y partidistas.  Lo que hay es un Estado para la acumulación y conservación de los privilegios, para la corrupción, el peculado de uso y los negocios.  La privatización del Estado como mina personal, como hacienda de camarillas, para explotarla de la manera más voraz y veloz posible, mientras dure.

Existe un Estado captivo del clientelismo en su forma más clásica.  Se trata de acceder al poder para engordar la nómina oficial con los amigos y la familia, para “ayudar” a los colaboradores.  Es llegar para darle una trinchera financiera al partido, es la cuota, el diezmo para agradecer y, sobre todo, para que nunca olviden los funcionarios que están allí que se deben a un partido y que nada tienen que ver las propuestas y cualidades personales de quien llegó a un cargo que fácilmente podía haber ocupado otro.  Ese es el dogma.

Tenemos un Estado para la persecución, para la revancha y para sacarse espinas.  Para ello montan gobiernos paralelos que superan en presupuesto a los electos por voluntad popular, usan los órganos legislativos para amenazar, chantajear, extorsionar.  Politizan la justicia, afilan la Contraloría como arma.  Utilizan las instituciones fiscales como policía política y los medios oficiales como tribunal.

Hay un Estado al servicio de la promoción personal, de la propaganda, de la pantallería.  Siempre pensando en el próximo paso, no de la política pública ni del modelo de administración, sino del personaje que ostenta el cargo.  Es la campaña permanente, legado indiscutible de Chávez.  El proselitismo sustituyó a la política.  ¿Cuándo trabajan? ¿Cuándo se encargan de todo lo que han prometido resolver si lo suyo es la perpetua propaganda?

Esta concepción del Estado es muy grave porque deja de lado lo realmente importante.  En nada sirve a los intereses de la ciudad, del país, a los problemas de la gente.  Nada hace para encarar los enormes desafíos que enfrentamos como Nación.

Asistimos al reemplazo del gobierno por la farándula política.  Por la más mínima nimiedad se hace un acto televisado y, muchas veces, encadenado.  Pintar una pared, barrer una calle, todo se convierte en parte del reality show cuya finalidad es exaltar la personalidad del hombre bueno que “no tiene asco de abrazar a uno los viejitos”, como reza una cuña, y por cuya gracia (“suya de él”, no del Estado que representa) la gente puede comer, leer, dormir, según sea el caso.

Este modelo de Estado es insostenible y nos desintegra como Nación.  Cada quien pendiente de su parcela, de acumular más y más.  Crece así lo sectario y lo faccionario frente a lo colectivo y lo compartido.  Lo que hace el gobierno nacional se reproduce aguas abajo y, así, el Estado todo adopta una dinámica esquizofrénica que hunde al país más y más en el pantano.

Los venezolanos comprometidos con el cambio debemos prestar atención a estos asuntos de manera urgente.  Si queremos que el cambio sea real, verdadero, que vaya más allá de las caras y los colores de camisa, hay que atender esta crisis y ponerle el cascabel al gato, aunque eso signifique parar, en el momento del disfrute, los privilegios y demás desviaciones de estar “en la buena”.

Tenemos que recuperar el foco de un Estado que ni es de justicia, ni es federal ni es descentralizado, que nada hace por la paz, que lesiona la libertad, que atenta contra el bien común y el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la igualdad y la justicia social.  Un Estado contrario a la democracia, al ordenamiento jurídico, a los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.  Un Estado que pisotea la dignidad humana, irrespeta la voluntad popular e incita a la violencia.  Un Estado antítesis de la prosperidad y del bienestar del pueblo.

Rescatar ese Estado secuestrado es una condición ineludible para la recuperación de la República y el avance del pueblo venezolano.

@danielfermin

domingo, 26 de octubre de 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

Discurso de graduación del Diplomado de Liderazgo Social y Político de la Universidad Metropolitana



Discurso de graduación
Diplomado de Liderazgo Social y Político
Universidad Metropolitana

Caracas, 23 de octubre de 2014

Estimadas Autoridades Universitarias, profesores, familiares y amigos,
Queridos compañeros,

Me siento honrado de hablarles hoy en representación de la I Cohorte del Diplomado de Liderazgo Social y Político de la Universidad Metropolitana. 

I

Venezuela atraviesa hoy una crisis profunda, la peor de nuestra historia reciente: la escasez y el desabastecimiento cruzaron del mercado a la farmacia, poniendo en riesgo la vida de millones; la violencia sigue allí, incólume, diezmando a nuestra juventud; el año escolar arrancó con el mismo déficit de escuelas y los mismos salarios de hambre para los educadores; el empleo es insuficiente y precario; la vivienda continúa siendo un drama para la clase media y los sectores populares; los hospitales operan en condiciones deplorables; las misiones sociales están desmontadas; la inflación sigue su marcha invicta; los derechos políticos están cada vez más constreñidos.

Los venezolanos nos enfrentamos día a día a una realidad signada por la conflictividad, el enfrentamiento, la desconfianza y la anomia.

II

Ante esta situación tan grave, existe una juventud inquieta e inconforme, interesada, más que generaciones pasadas, en lo público, en lo colectivo, en lo social.  En lo político, pues.  Principales víctimas de la falta de oportunidades, del detenimiento de la movilidad social, de la violencia, el desempleo y el empleo precario, de la crisis de vivienda, muchos de esos jóvenes sólo han conocido este modelo, esta manera de hacer las cosas.  Aún así, hay en ellos un impulso poderoso al reclamo y una poderosa fuerza de esperanza signada por la voluntad de cambio y de progreso.

III

Fue con esa juventud en mente, de ímpetu caudaloso, que un grupo de venezolanos de bien promovió este Diplomado, preocupados por la formación del liderazgo emergente y empeñados tercamente en alentar una nueva dinámica que permita encauzar el país hacia el desarrollo pleno y la superación de tantas rémoras, algunas de décadas.  Y lo hicieron en momentos en que el aspecto formativo había sido dejado de lado por unas instituciones que, debilitadas, enfocaban su atención en otras áreas.  Así fue como el doctor Werner Corrales y Tayna Miquilena concibieron y desarrollaron esta idea que hoy vemos cristalizada con este acto de graduación.  Para ellos pido un aplauso como muestra de nuestro reconocimiento y agradecimiento eterno, no sólo por hacer realidad el Diplomado, sino por permitirnos, a todos, cursarlo sin el peso añadido de alguna carga económica.

Nuestro agradecimiento igualmente a la Universidad Metropolitana, al rector Sharifker y al profesor Vallés, por brindar, más que sus instalaciones, su prestigio y excelencia a este Diplomado y por apostar de manera responsable y valiente a este proyecto que para muchos resultaría incómodo en los tiempos que corren. 

Durante tres trimestres emprendimos una aventura, como toda primera cohorte, y en ese camino –retador, complejo – estuvo en todo momento el profesor Ysrrael Camero como garante de la excelencia académica, de la participación y de que todo marchara de la mejor manera.  Nuestro reconocimiento y agradecimiento también para Ysrrael que, además de excelente profesor y baquiano en todo el proceso sociohistórico venezolano, fue el timonel que mantuvo el barco del Diplomado por buen camino a pesar de las turbulencias.

En los salones de esta Universidad nos reunimos, todos los viernes y sábados (incluido un sábado antes de las elecciones del 8D en la que muchos teníamos responsabilidades directas), personas de distintas procedencias y pareceres: líderes estudiantiles y partidistas, jóvenes independientes, líderes sociales y de ONG, jóvenes disidentes.  Personas familiarizadas con las ciencias sociales y otras provenientes de llamadas ciencias duras.  Profesionales y estudiantes, y estudiantes que se convirtieron en profesionales a lo largo de estos tres trimestres.  Jóvenes de distintos estratos y actividades.  Gente más conservadora y gente más progresista.  Algunos que llegaron solos y otros en grupo, de la mano de creyentes de esta iniciativa como Gabriel y Boris.  Esa diversidad fue, sin duda, un factor que enriqueció al máximo la experiencia de esta Cohorte que hoy se gradúa.

Atravesamos momentos difíciles, como las protestas estudiantiles y de calle del mes de febrero, que nos hicieron más conscientes de nuestras diferencias y que tuvieron por protagonistas a muchos de los compañeros que están aquí y a otros que, pese a no estar, formaron parte de este grupo y siguen haciéndolo. 

A pesar de todo, supimos mantener la vista en la pelota y ver el panorama completo, más allá de lo inmediato.  Nos mantuvimos comprometidos con nuestra formación, en aras de poder aportar más a un país que necesita urgentemente el concurso de personas capaces.  Formamos un espíritu de cuerpo forjado entre lecturas y asignaciones, pero también en la informalidad de un grupo cada vez más integrado.  Creamos una RED, con el compromiso de fortalecerla y, ahora como Egresados, convertirla en un vehículo para seguir promoviendo la formación y el avance del liderazgo emergente.  Por esa red agradecemos al profesor Gerardo González toda su guía.

En una ocasión nos tocó a Kizzy y a mí ir a un programa de radio, como voces de dos maneras distintas de ver las cosas y, fuera del aire, el presentador nos increpó, casi molesto, que por qué no peleábamos, que parecíamos estar de acuerdo en casi todo.  Y es que, más allá de las militancias partidistas y los compromisos políticos, hay una generación que cree en la UNIDAD, en una unidad más allá de lo electoral y más allá de las tendencias políticas.  Los jóvenes estamos unidos en la idea de un mejor país.

IV

Allí, los retos que tenemos son enormes.  Esta generación, toda esta generación que le tocó vivir esta Venezuela, desde el más joven hasta el mayor, tiene la responsabilidad de lograr el cambio y la unión de todos los venezolanos, de promover la reconciliación y el avance.  El Diplomado nos enseñó el tamaño de nuestro compromiso histórico: La superación del Rentismo, que ha castrado las potencialidades económicas del país.  Del Clientelismo, cáncer que desangra el erario público y, como grotesca garrapata, engorda una administración ya fofa, lenta y amorfa, gemelo de la corrupción e  hijo del modelo rentista.  La superación de la pobreza, la importancia de creer en los venezolanos y en la gente de trabajo.  Cambiar la forma de hacer las cosas, de llevar el liderazgo, de ejercer la política recuperando su perfil como labor pedagógica y apostolado de las causas democráticas.  Sustituir la rosca por la participación, la pantalla por el trabajo, la piratería por la excelencia.

V

A mis compañeros, hoy amigos, les agradezco la oportunidad de decir estas palabras.  A nuestros profesores, a todos, nuestro agradecimiento por su invaluable aporte.  Han tocado muchas vidas, y han cambiado muchas vidas, no sólo en lo personal, en el plano individual, sino en el corazón de las instituciones que representamos y cuyas dinámicas se ven hoy influenciadas y enriquecidas por lo que hemos aprendido en este Diplomado.

Los que salimos seguiremos ejerciendo nuestro liderazgo, creciendo, comprometidos con la causa colectiva que representa la reconstrucción de la República, de la democracia, de la justicia y la libertad.

A los que llegan, a los que se incorporan a la II Cohorte, les deseamos mucho éxito.  Aprovechen al máximo la experiencia, empápense en ella, y cuenten con nosotros.

En nombre de la I Cohorte del Diplomado de Liderazgo Social y Político, no me queda sino despedirme agradeciéndoles nuevamente a todos y reiterando nuestro compromiso de lucha por llevar a Venezuela al desarrollo y el progreso, con inclusión y en libertad.

Muchas gracias.





miércoles, 22 de octubre de 2014

Claro y raspao (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Un mes más.  Ese es el respiro que recibió Tal Cual en medio de una cuenta regresiva que mantenía a la Venezuela democrática en estado de angustia y tristeza.  El mes y la cuenta se refieren a la disponibilidad de papel para imprimir el periódico, que no posee rotativa propia, luego de que el grupo Últimas Noticias decidiera suspender el acuerdo de impresión y distribución que mantenía con el diario.

Tal Cual es la víctima más reciente del hostigamiento oficial a los medios de comunicación.  La prensa libre ha sido un blanco permanente de un régimen alérgico a toda crítica que cuestione el libreto cuidadosamente elaborado desde la mayor de las Antillas.

Se trata de una ofensiva brutal, que va más allá de la censura tradicional para adentrarse por caminos más sofisticados que pasan por, pero no se limitan a, la compra turbia de medios de comunicación (Globovisión, El Universal y, cómo no, el grupo Últimas Noticias) que incide directamente en violentos cambios de sus líneas editoriales para domesticarlas al discurso oficial, la autocensura inducida, la utilización de los tribunales para amenazar y perseguir a medios y periodistas, el acoso laboral a los trabajadores (¿Presidente obrero?) y, por supuesto, el chantaje del papel, más precisamente de la importación de papel en un país en el que, también, el papel se importa en medio de un modelo económico en el que no se produce nada.

La pretensión del gobierno es clara: lograr la hegemonía comunicacional.  No es un plan oculto ni secreto, sino una misión expresa que han plasmado en documentos oficiales, entre ellos el infame “Plan de la Patria” que han convertido en nuevo testamento chavista.

Nada de esto es nuevo.  Hay que recordar que Tal Cual y su “Hola Hugo” aparecen apenas tres meses después de que su editor y fundador fuese obligado a abandonar el vespertino El Mundo por presiones del gobierno.

A partir de esa famosa primera página, los editoriales de Tal Cual se convirtieron en referencia obligada de muchísimos venezolanos que los devoraban y asimilaban de tal manera que alguna vez, de modo crítico, me referí a ellos como “el evangelio según Petkoff”.  Y es que la influencia de Tal Cual como referencia del periodismo libre e independiente es innegable, tan así que el gobierno ha decidido atacarlo por todos los medios posibles.

Es inútil.  La pretensión hegemónica, la persecución a los medios, el acoso, el chantaje, el asedio.  De la historia aprendemos que la comunicación es una necesidad humana y que la censura es partera de nuevos medios de comunicación.  Así ha sido en el pasado, con radio bemba, así fue durante terribles guerras en las que se anotaban convocatorias y noticias dentro de las bolsas de papel de panaderías y negocios.  Así es hoy, en medio de la explosión de las redes sociales que el gobierno se muestra muy dispuesto a controlar y perseguir, pero igualmente inepto para hacerlo en un panorama que les resulta muy incómodo.  Allí Tal Cual también ha estado a la vanguardia, con una plataforma web y redes sociales que enriquecen y van más allá de lo que está impreso en papel.  En un mundo cambiante y frente a una realidad llena de obstáculos, el periodismo libre ha sabido cambiar con él y sortear todas las barreras, decidido a ganar la lucha contra el autoritarismo.

Tal Cual ha sido siempre un espacio de libertad.  Quien escribe publicó por vez primera en un impreso hace más de diez años en la sección de invitados que ofrece Tal Cual y más recientemente encontró en este periódico las puertas abiertas tras ser censurado en otro diario, al que el gobierno le echó guante.

Las páginas, web y redes de Tal Cual están llenos de análisis, de opinión, de artes.  Eso se valora en momentos en los que la militarada pareciera declarar una guerra al pensamiento.  Tal Cual seguirá, como seguirán los medios realmente comprometidos con la democracia y la libertad.  Mes a mes, no lo sabemos, pero firme en seguir elevando la voz, como siempre lo ha hecho, claro y raspao.

Nuestro abrazo solidario y apoyo a Tal Cual, a su editor, periodistas y trabajadores.  Fuerza.

 

@danielfermin