miércoles, 3 de septiembre de 2014

Desmontando el sacudón (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Al final no dijo nada sobre cómo reactivar la producción, reducir la inflación y combatir la escasez.  Ya antes había hecho otro acto, también en cadena, en el que el país se quedó esperando un sacudón que, como tantas veces, terminó siendo el anuncio de un anuncio por venir.  En esta segunda edición, Nicolás Maduro se vio forzado a pronunciarse como respuesta a una crisis inocultable que tiene al país entero contra las cuerdas.  Es la peor de la historia reciente, producto del fracaso de un modelo hecho para el control político y social, que hace súbditos de los ciudadanos, al servicio de la maquinaria estatal y de los poderosos.

¿Qué dijo el presidente? En primer lugar pidió una revolución económica “para garantizar la estabilidad del país”, la misma que acabó la revolución tras quince años de caos e incertidumbre por diseño.  Propuso poner el Estado en manos del pueblo, y ya la propaganda oficial nos ha hecho saber en vallas, radio y televisión, quién es el fulano “pueblo” al que se refiere.  Volvieron los enroques y dividió los cambios en cinco grandes revoluciones dentro de la revolución.  Va más de una hora de cadena y aún los venezolanos no saben cómo el gobierno va a devolver los productos a los anaqueles y aliviar el costo de la vida.

Veamos con detenimiento las cinco revoluciones.  La primera, la revolución económica, habla de cambios productivos para lograr la Venezuela potencia, de la necesidad de diversificar la economía y de promover las exportaciones.  Dicen una cosa y hacen otra.  Hoy, producto de la revolución, Venezuela no produce nada excepto petróleo, y de este cada vez menos; dependemos más que nunca de la industria petrolera, por culpa de un gobierno que ha desoído una y mil veces el reclamo de la diversificación.  No es la primera vez que hablan de hacerlo, porque suena bonito, correcto, pero es mentira.  La promoción de las exportaciones es un chiste. ¿Exportar qué? Además, recordamos bien que apenas la semana pasada el gobierno anunciaba la prohibición de exportar más de 20 rubros.

Ese era el plato fuerte.  Tal vez deba llevar signos de interrogación.  Analicemos las otras revoluciones.  La revolución del conocimiento dice centrarse en la ciencia, la tecnología y la cultura, precisamente las primeras sacrificadas en revolución.  Pregúntenle a los investigadores de nuestros institutos científicos y a los promotores culturales.  La tercera revolución es la de las misiones sociales, con el propósito de integrarlas.  Para nadie es un secreto que la mayoría está inoperante, el problema no es de integración.  La revolución política del Estado, la cuarta que propuso, repite aquello de acercar el poder al pueblo (recordemos quién monopoliza el término en las vallas de nuestras carreteras) y, finalmente, la revolución del socialismo territorial enciende una y mil alarmas, ya que busca profundizar el modelo comunal (comunista) que viola la Constitución y promover el ecosocialismo, chiste cruel que trae recuerdos del derrame petrolero en el Guarapiche y la instalación de concreteras en las áreas verdes de Caracas.

Desvarió sobre economía, vendiendo la tarjeta de racionamiento electrónica como un “premio al pueblo”.  Lo desprecia.  Dijo que el captahuellas de racionamiento tiene apoyo popular, cuando más de 83% lo rechaza, de acuerdo a un flash de Hercon.

Va más de hora y media y no hay rectificación ni cambio de rumbo.  Crea ahora los Consejos Presidenciales de Gobierno Popular.  Más burocracia, es un fetiche insoportable ya del militarismo rojo.  Apunta, dice, a la participación de las comunas y los movimientos sociales de mujeres, juventud, trabajadores, pueblos indígenas, campesinos y pescadores y sectores culturales.  Estos consejos tendrán, no faltaba más, “estructura de mando”.  El fetichismo de la burocracia en función, así lo dijo, de “tener patria definitivamente”.  Pensé que ya la teníamos.

¿Número de ministerios antes del sacudón? 32.  ¿Después? Al menos 25, más 6 nuevas vicepresidencias y una Autoridad Única de Trámites y Permisología, sin contar los viceministerios.  Enroques y fusiones dejan intacta la estructura amorfa, fofa y sobredimensionada del Estado.  Chávez vive, en PDVSA.  Ramírez viajará.

Habla Maduro de herencias del Estado burgués.  La verdad es que la herencia es de Chávez, que inició reclamando en 1999 que 14 ministerios eran demasiados y terminó rompiendo récords y llevándolos a 32, con 107 viceministerios.  Sigue Maduro, ahora llamando a la “sencillez, humildad y honestidad” de sus ministros.  Sin comentarios.

Fueron tres horas y tres minutos.  Los venezolanos nos quedamos esperando en vano.  Hoy seguirán las colas, mañana la escasez, pasado el desabastecimiento.  La angustia por conseguir útiles escolares para el inicio de clases y regalos para diciembre.  Por la leche, el aceite, la harina, el jabón.  Llegó Cuba, sin intención de irse, no mientras ellos gobiernen.  Nada sobre inflación, escasez, producción.  Nada sobre el BCV y su infame secreto sumarial que, lejos de cubrir la crisis, la confirma.  Siguen tapando el fracaso del modelo, la corrupción que enriqueció grotescamente a la camarilla roja y verde oliva mientras la canasta básica supera el ingreso familiar de los comunes. 

Insultan la inteligencia del venezolano, le dicen que el bodeguero que tiene 10 latas de leche es el culpable de que no se consiga, mientras patrocinan el negocio pesado de los peces gordos: contrabando, narcotráfico, empresas de maletín, contratos chimbos.  No dictó medidas económicas, se hace el ciego a la crisis, que inevitablemente va a empeorar.  No hay cambio, apuesta por radicalizar y profundizar el modelo fallido.  Al final, paga el pueblo las fechorías de una pandilla que no merece gobernar.  Pero no por hacerse el sordo desaparece la crisis, la tragedia de 30 millones, un descontento que hierve en cada cola bajo el sol y supura con cada “no hay” en la farmacia, con cada abuso y atropello, con cada nota de sucesos.  Paga el pueblo, pero lo va a cobrar.  Al final, el sacudón se lo daremos los venezolanos a tanta podredumbre.


@danielfermin

miércoles, 27 de agosto de 2014

La cárcel socialista (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Decía Dostoievski que puede medirse el grado de civilización de una sociedad por el trato que da a sus presos.  Si esto es así y nos acogemos a esa categorización un tanto incómoda, no podemos sino concluir y lamentar que Venezuela posee un grado muy inferior.  Las cárceles venezolanas son el reflejo de lo más oscuro de nosotros, reducidas apenas a depósitos de infelices sin palanca y guarida de criminales de oficio.  En un país con 96% de impunidad, los que terminan tras las rejas suelen ser, invariablemente, lo uno o lo otro.
El tema penitenciario es un problema viejo, que se ha agudizado, como tantos otros, en revolución.  Constituye una verdadera tragedia en la que los reos cuentan por igual con el desprecio ciudadano y el desamparo del Estado, y cuya dinámica, lejos de ser regida por el orden institucional, se lleva por la ley del más fuerte.  A los más pobres, siempre los más afectados por esta y todas las tragedias, se les va la vida consiguiendo dinero para las vacunas que deben pagar a los mandamases de los penales, guardias e internos, para intentar garantizar la vida de sus familiares presos.  Son miles de bolívares para permanecer vivo, miles por un colchón, otros tantos para poder comer.  La cárcel es un negocio perverso bajo la mirada complaciente y la participación cómplice de los funcionarios del gobierno.
El 26 de julio de 2011 se publicó en Gaceta Oficial la creación del Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario.  Hasta ese entonces, lo relativo a las cárceles dependía del Ministerio de Interior y Justicia, y el presidente Chávez, haciendo gala del fetichismo burocrático que tanto agrada a militares y comunistas, ofreció el nuevo despacho como solución definitiva al que se vio forzado a reconocer como un asunto de urgencia en el año doce de la revolución.  Como ministra designó a Iris Varela, pese a no tener formación alguna en el área. Por supuesto que no funcionó y desde 2011 hasta la fecha el problema ha recrudecido.
Las cárceles están militarizadas, pero los que mandan son otros.  La revolución vio nacer la figura del “pran” como jefe máximo de los recintos, que controla toda la dinámica social, los negocios y administra la violencia.  Estos pranes cuentan con una estructura, también burocratizada al estilo militar, con escalafones y funciones diferenciadas.  Llevan el sello “Hecho en socialismo”.
Nos mintieron al decir que con más burocracia y la creación de un nuevo ministerio resolverían un problema que no es de los presos, sino de toda la sociedad.  Según el Observatorio Venezolano de Prisiones, más de 1800 venezolanos perdieron la vida desde 2011 en las cárceles venezolanas.  ¿Dónde estaba la Guardia Nacional? La gran mayoría de estas muertes fue causada por armas de fuego.  La misma pregunta.  En total, más de 6 mil muertos, 16 mil heridos, un hacinamiento de casi 200% y la prevalencia del retardo procesal resumen la política penitenciaria de la revolución desde 1999.
“La revolución llegó a las cárceles”, decía el lema del flamante ministerio en los días de su creación.  Pues vaya que llegó y, lo mismo que afuera, dejó a su paso el dominio del caos y el imborrable rastro de la violencia.  Hay que cambiar radicalmente el modelo y eso incluye el modelo penitenciario.
¿Cuál es la cárcel que queremos? Una que ofrezca una oportunidad real para la reinserción social, con espacios para el trabajo, el estudio, el deporte, la recreación y la cultura.  Una cárcel signada por el respeto a los derechos humanos, a cargo de penitenciaristas profesionales.  Cárceles descentralizadas, como manda la Constitución.  Recintos desmilitarizados, con funcionarios formados en la materia que pongan fin al reinado del pranato que trafica drogas, planifica secuestros y asesina a mansalva.  Prisiones donde se reubique la población penal según criterios criminológicos.  Nuevas cárceles, porque hacen falta, y el reacondicionamiento de las existentes según los estándares internacionales.  Cárceles donde se priorice el debido proceso y se combata el retardo procesal que hoy gradúa a muchos jóvenes de malandros.  Instituciones que comprendan un proceso de acompañamiento al ex recluso para su vuelta a la vida ciudadana.
Todo esto es posible, pero no con este gobierno.  No creemos en la cárcel como solución a los problemas, pero sí en solucionar los problemas de la cárcel.  Debemos impulsar políticas de prevención y acometer las reformas en los cuerpos policiales, tribunales y fiscalía que nos permitan acabar con la impunidad.  Sin embargo, si no cambiamos la cárcel que tenemos, de poco servirá todo lo demás.
En la página web del MPPSP aparece, bajo la estampa de Hugo Chávez, el lema “hacia la mujer y el hombre nuevo”.  Tras 15 años de socialismo bolivariano sabemos lo que eso significa.  Lo mismo adentro que afuera, Venezuela necesita salir de la cárcel socialista.

@danielfermin

miércoles, 20 de agosto de 2014

La Patria está muy lejos (Publicado en Tal Cual y RunRunes)

Isabel se acaba de graduar de bachiller.  Estudió en un colegio pequeño, de los más prestigiosos de Caracas.  Es una institución a la que asisten, hay que decirlo, niños y jóvenes que provienen de familias que hacen grandes esfuerzos por la educación de los suyos.  Privilegiados, sin duda.  Es un colegio bilingüe, pero no bicultural.  Es profundamente venezolanista.  En el transcurso de su escolaridad, sus alumnos conocen vivencialmente el llano, la Gran Sabana, oriente.  Hay festivales folclóricos, se vive lo nuestro con profundo orgullo y amor.  No es un colegio apátrida ni se ciñe al estereotipo del sifrinaje indiferente.

El día del acto fueron llamando, uno a uno, a los graduandos.  Treinta y ocho caminaron el pasillo mientras, desde un micrófono, se anunciaba lo típico: años en el colegio y carrera a cursar.  Los aplausos retumbaban a cada mención de las universidades nacionales.  Universidad Central de Venezuela, aplausos.  Universidad Simón Bolívar, aplausos.  ¿La razón? De los treinta y ocho, veintiséis se van a estudiar a ese gran abstracto que llamamos “afuera”.  España, Estados Unidos, Colombia, Australia.  También para ellos hubo aplausos, por supuesto, y en estos se mezclaba el reconocimiento al logro con la nostalgia de la partida, con el “no tendría por qué ser así”.  Los aplausos a la Ucab, a la UCV, a la Unimet, eran también un reconocimiento, ya no sólo al logro, sino a la valentía, al atrevimiento, y evidenciaban que quedarse en Venezuela es un acto de resignado heroísmo en tiempos de revolución.

La historia de Isabel no es nueva.  Es la historia de Bruno y de Gaby, ya de treinta y tantos, que se fueron hace años y que cuando vienen de visita o por alguna diligencia deben quedarse en hoteles o en casas de amigos porque, y no deja de impresionar, ya no les queda familia aquí, ya en Venezuela no tienen casa.  Es la historia de más de un millón de venezolanos que se fueron en un acto de fe, no a ver a Mickey, sino a buscar un futuro mejor.  Los que no se resignaron a graduarse de desempleados, a vivir arrimados, a ganar miseria.  Los que se rehusaron a vivir bajo el yugo de la violencia y a mendigar un cuartico de leche o una harina de maíz.   

Ellos, los que se van, no le están fallando a Venezuela.  A Venezuela le fallan los que desde el poder han destruido todo en medio de los ingresos más altos de la historia.  Al país le fallan los corruptos, que en nombre del socialismo saquean los recursos que deberían ir a elevar la calidad de vida de los más necesitados y encausar la sociedad hacia el progreso.  A Venezuela le fallaron los poderosos, con sus camionetas blindadas y su discurso de odio, que desde el gobierno nos hicieron retroceder más de cincuenta años.

Como decía Andrés Eloy Blanco en su “Soneto a Rómulo Gallegos”, y a pesar de la propaganda oficial, ya la Patria está muy lejos.  Lo está para los que se fueron, para el millón que en las calles de Santiago y en las ramblas de Barcelona siente por igual el desarraigo del no pertenecer, la inmerecida culpa del no estar, de no sufrir la lucha en carne propia, aunque sí que la sufren, son testimonio andante de ella.  Pero también la Patria se aleja para los que quedamos.  Una legua en cada cola, en cada lector biométrico que redunda en sofisticada libreta de racionamiento.  Otra más en cada secuestro, en cada abuso de poder.

Mientras, el gobierno arrecia y con él la imposición del Estado militar, la consolidación del atropello y el saqueo, siempre el saqueo.  No se enciende alarma alguna, más bien se dibujan sonrisas en el rostro de unos gobernantes que parecieran alegrarse ante el desmembramiento de la Patria.  Y ante la arremetida el miedo de tantos, de que las colas se tornen cupos, de que los pocos vuelos se tornen nulos.  Y cientos, miles, que no pierden las ganas y luchan contra el naufragio, no como los músicos del Titanic, sino como indómitos tercos de la resistencia, batallando a todo dar con todo en contra, rehusándose a la entrega del país, a la catástrofe definitiva.  No hay vida con este modelo, no hay futuro en revolución.  Por eso luchamos, día a día, barrio a barrio, en terreno desigual, contra la violencia y el chantaje.  Pero sí, cada vez la Patria está más lejos, secuestrada por el oprobio y la maldad.  Nuestro deber es sanarla, recomponerla, unirla, desde donde se esté, desde lo que se haga.  La vuelta a la Patria como sueño y proyecto de país.



@danielfermin

miércoles, 6 de agosto de 2014

El reto de convencer (Publicado en Tal Cual y RunRunes)



Venezuela atraviesa un momento crítico.  Los estudios de opinión confirman lo que se siente en la calle: estamos mal.  En un año de gobierno de Nicolás Maduro todo ha empeorado y, de manera atípica en una sociedad generalmente optimista, las encuestas señalan que la expectativa ciudadana es que el futuro será peor.  La economía, junto a la conflictividad política y social, tienen al pueblo contra la pared y 63% ubica claramente al Presidente como principal culpable del desastre, según Consultores 21.  Mas aún, 60% de los venezolanos afirman que el país que propone Maduro no se parece al país que ellos quieren.

El gobierno ha sufrido un desgaste brutal.  Lo vemos en nuestras comunidades populares, en los barrios que frecuentamos.  El modelo excluyente, chantajista e ineficiente se agotó el día en que el colapso de la economía hizo que el problema se instalara en la casa de la gente.  Ante este escenario cabría suponer un crecimiento sensible de los partidos de la MUD, pero no es así.  En un país profundamente polarizado la alternativa democrática no ha podido capitalizar la acelerada erosión de la popularidad del gobierno. 

Hay una crisis de conexión y de representatividad en la oposición que hace muy limitada la capacidad de conversión, es decir, de sumar voluntades a su proyecto político más allá de su base natural.  Por supuesto que en esto inciden factores que van más allá de la política.  En primer lugar, el cerco comunicacional ante la censura, la autocensura y la hegemonía oficial en radio, prensa y televisión.  En segundo lugar la crisis misma, que tiene a los ciudadanos rasguñando por la supervivencia entre colas y carencias, dejando poco espacio para los temas públicos.  También influye la violencia, guapa y apoyada, que hace que muchos prefieran no meterse en honduras.

Sin embargo, nos debe llamar a la reflexión el hecho de que, con el gobierno en su peor momento, y aún con un trabajo valioso, intenso y constante de calle por parte de los distintos factores de la Unidad, nos cueste tanto la conversión de quienes alguna vez creyeron en el proyecto del gobierno y de los independientes, a menudo despachados como ni-ni.  ¿Qué está pasando? Sin duda en Venezuela hoy impera un fenómeno de anomia que se traduce en desconfianza generalizada y caos que, por cierto, beneficia al oficialismo y hasta podría decirse que un caos por diseño, orientado a la desintegración del capital social y cuyo resultado más terrible es la instalación de un profundo sentimiento de desesperanza.

Para los sectores democráticos es fundamental construir un mensaje de cambio que apele a la gran mayoría de venezolanos que no se identifica con el gobierno y que aspire a convencer a los que todavía lo hacen.  En esto es clave que la Unidad explicite un proyecto alternativo de país que contraste con el Socialismo del Siglo XXI. 

Se trata de construir, con la gente, una cosmovisión basada en valores claros y que vaya más allá del terreno de las políticas públicas y de la mercadotecnia política.  Nuestra responsabilidad es rescatar la política como apostolado y labor pedagógica de la mano de un discurso profundamente democrático, republicano y popular, que apele al profundo sentimiento de unión y cambio del pueblo venezolano y encause las esperanzas de una sociedad agobiada.  El país está claro en que el gobierno fracasó.  Ahora nos toca a nosotros acompañar la denuncia de la propuesta y llevar a cada rincón de Venezuela esa visión alternativa con el reto de convencer.
@danielfermin

jueves, 24 de julio de 2014

A los enemigos del cambio (Censurado en El Universal, publicado en Tal Cual)

A ustedes, los comprometidos con un gobierno corrupto, que despilfarró los recursos del pueblo para enriquecerse de manera grotesca e inmoral mientras condenan a la gente a la miseria. A ustedes, los socios de una administración ineficiente y pirata, más pendiente del próximo contrato que de solucionar los problemas de los venezolanos.  A ustedes me dirijo hoy, enemigos del cambio; ustedes, los poderosos, sentados en la arrogancia de unos cargos con los que juraron servir a la nación y que hoy sólo utilizan para servirse a ustedes mismos y a sus grupitos de acólitos.

Es con ustedes, los que impulsan, a juro, un modelo fracasado que arruinó al país. Ustedes, que en nombre del socialismo le han dicho a la gente que ser rico es malo, mientras se desbordan sus cuentas de plata mal habida. A ustedes les escribo con la promesa de que esta decadencia revolucionaria también pasará, que su reinado de chantaje, miedo y atropello no será para siempre.

También es con ustedes, los que sirven de sostén a un sistema podrido signado por el clientelismo y amamantado por el rentismo. Ustedes, que se saben en ambos lados del espectro polarizado y por encima de él, con su perversa lógica mercantilista, superficial, antivenezolanista.  También a ustedes va el llamado ante una situación que ya revienta, que no se aguanta más.

A ustedes, los que sembraron odio y división entre los venezolanos, y también a los que las cosechan.  A los que nos valoran de acuerdo a nuestras posturas políticas y nos clasifican de acuerdo a nuestro ingreso mensual. A los que discriminan por sexo y excluyen por las preferencias sexuales. A los que se empeñan en pasarle por encima al otro para imponer su propia dominación.

A ustedes, a todos ustedes, les aseguro que serán derrotados. Frente a su apoltronamiento, a sus intereses económicos, a su poderío político, militar y comunicacional se encuentran miles que militamos sin descanso en una causa terca y obstinada: lograr el cambio para Venezuela.  Más allá del lema usado por unos y otros, ese cambio implica un país muy diferente al de hoy, donde todos sus ciudadanos sean protagonistas y no coristas del culto a la personalidad ni esclavos de la máquina del Estado. El cambio pasa por la promoción de un nuevo gobierno y de un nuevo estilo de gobierno, transparente, responsable, serio, cuyas prioridades estén centradas en superar la pobreza, la violencia y las desigualdades. Promover el cambio es enfrentar sin tregua al clientelismo parasitario y no esperar a estar en la buena para beneficiarse de él.  Es diversificar la economía, creyendo en la iniciativa de los venezolanos e impulsando su productividad para derrumbar el vicio rentista. Cambio es impulsar las reformas políticas y sociales para que no haya nunca más venezolanos de segunda por ningún motivo. Sí, a ustedes, a los enemigos del cambio, les digo hoy que serán derrotados, y que su derrota verá florecer la Venezuela digna del Siglo XXI, la Venezuela solidaria, libre, justa y democrática, la Venezuela del progreso para todos por igual.

@danielfermin

miércoles, 16 de julio de 2014

Los otros Ni-Ni (Publicado en El Universal)

¿Quiénes son los otros ni-ni? Hablamos de 1,7 millones de jóvenes venezolanos que ni estudian ni trabajan. Es la realidad alarmante de una generación sin oportunidades, víctima de un modelo fracasado que está poniendo en riesgo el futuro de la juventud y el porvenir de todo el país.

La cifra surge de la Encuesta Nacional de Juventud 2013, elaborada en el marco del Proyecto Juventud de la Universidad Católica Andrés Bello, con la participación del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de esa casa de estudios. Los primeros resultados dibujan un panorama parco, en el que 900 mil adolescentes, entre quince y diecinueve años, están descolarizados y apenas 42% de 7,6 millones de venezolanos entre 15 y 29 años asiste regularmente a un centro de enseñanza.  Entre otros hallazgos, aparecen 1,3 millones de jóvenes entre 20 y 29 años que no culminaron el bachillerato y 50% de jóvenes de 17 años que abandonan el liceo.  La juventud no tiene en la revolución un aliado, sino el principal obstáculo para su desarrollo integral y progreso. 

El estado de la juventud es crucial dado que atravesamos lo que se conoce como el bono demográfico. Sin entrar en consideraciones más técnicas, el bono demográfico se refiere al fenómeno en el que más de la mitad de la población está en edad de trabajar o comienza a ingresar en la población económicamente activa.  También implica la disminución del peso de los dependientes menores de quince años, cuando los mayores de sesenta aún no constituyen un segmento considerable de la población.  Es menor número de dependencia y mayor número de mano de obra y sucede hoy, cuando más de 65% de la población está en edad de trabajar. 

El bono es una oportunidad única para desarrollar el país, pero sólo si se aprovecha.  Nuestra Venezuela no será joven para siempre, y de cómo atravesemos el bono demográfico dependerá si en treinta años Venezuela es un país próspero o una sociedad vieja y pobre. Para ello es fundamental la creación de empleos de calidad, promovida principalmente por el Estado. Igualmente, el gobierno debe procurar sostener un alto crecimiento económico y prever políticas que estimulen el ahorro y la inversión, así como la planificación de las pensiones y la seguridad social.  Asimismo, debe el gobierno aumentar el gasto público en las áreas realmente prioritarias, como la educación, en vez de incrementar cada vez más el gasto militar.

Esta revolución condenó a los jóvenes a la violencia, al desempleo y al empleo precario y a ser una generación de arrimados.  No hay futuro con este modelo, hay que cambiarlo y pronto, para poder aprovechar la oportunidad del bono demográfico, generando las condiciones que nos permitan disminuir la espantosa estadística de casi dos millones de muchachos venezolanos que no hacen nada, de esos otros ni-ni, para sacar el país adelante.

@danielfermin

miércoles, 9 de julio de 2014

Renovación de los poderes: Tarea pendiente (Publicado en El Universal)

La renovación de los poderes públicos es una tarea pendiente e ineludible, de la que depende, en gran medida, el equilibrio del sistema republicano y la paz social.  Un clima de permanente conflicto y confrontación, promovido desde el Gobierno para distraer de los problemas y exacerbado por la polarización política, ha dejado en segundo plano lo que es un asunto de importancia vital. En medio de otros temas más noticiosos, la renovación de los poderes resulta gris, aburrida y hasta fuera de lugar.  Sin embargo, en ese proceso se encuentra la clave para destrabar la crisis que vive el país.

Hoy tienen el período vencido tres de los cinco rectores del Consejo Nacional Electoral, hay que nombrar a doce de los treinta y dos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y urge renovar, sobre todo ante el auge de la corrupción del sistema, un nuevo Contralor General de la República.  Los rectores del CNE llevan quince meses de haber cumplido su lapso en el cargo.  El retraso en el TSJ es de año y medio y la Contraloría lleva más de tres años en un interinato. Adicionalmente, en diciembre de este año se habrán vencido, también, los períodos de las otras dos ramas del Poder Ciudadano: la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público.

Se trata de cumplir la Constitución.  Los artículos 263, 264 y 270 son claros en cuanto a cómo debe darse la designación de los magistrados del Tribunal Supremo, mientras que el artículo 279 lo hace con respecto al Contralor y los artículos 295 y 296 hacen lo propio para el Poder Electoral. No es, pues, una negociación política ni, mucho menos, una concesión a la ciudadanía o a la oposición.

El debate político presenta hoy varias hojas de ruta para salir de la crisis, unas que compartimos y otras que rechazamos. Algunos sectores han propuesto la renuncia de Nicolás Maduro, otros la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Cierta disidencia del chavismo apuesta por la radicalización del modelo socialista mientras que otros llaman a la revisión profunda de la política económica.  Nosotros hemos insistido en la necesidad de construir un gran movimiento social por el cambio que consolide una alternativa real desde las comunidades para, como una nueva mayoría, adelantar los cambios que necesita Venezuela. En ese debate se ha concentrado la opinión pública, dejando de lado la tarea pendiente. Cualquiera de estas alternativas y de otras que puedan surgir en el camino dependen en última instancia de que renovemos los poderes vencidos, tal como lo establece la Constitución.

Esta no debe ser una discusión para los políticos entre paredes de oficinas. Tampoco se trata de un tema ajeno al clima nacional, como algunos lo pretenden pintar. De tener nuevos rectores del CNE que respondan a la Constitución y a las leyes y no al partido de gobierno, de contar con magistrados del TSJ que solo respondan a la justicia y no a la subordinación a los designios del Ejecutivo, de un nuevo Contralor que vaya de frente contra la corrupción sin utilizar su cargo para perseguir a los liderazgos de oposición depende que Venezuela encuentre la resolución del desastre que vivimos en paz y de manera democrática.  En ese sentido, la tarea no es sólo de la Asamblea Nacional ni del Tribunal Supremo, sino de toda la ciudadanía, vigilante y atenta, presionando para que se cumpla la Carta Magna y se rescate la institucionalidad. Esa es, hoy, nuestra tarea pendiente.

@danielfermin